Algunos críticos dicen que el cristianismo tomó ideas de religiones antiguas, como dioses que mueren y resucitan.
Sin embargo, hay grandes diferencias. Esos mitos eran historias simbólicas ligadas a ciclos de la naturaleza, como la cosecha. En cambio, la resurrección de Jesús ocurrió en un momento histórico específico, con testigos reales y consecuencias prácticas.
Además, los primeros cristianos eran judíos, y los judíos rechazaban las religiones paganas. No habrían mezclado su fe con mitos extranjeros.
El cristianismo no copió, sino que ofreció algo nuevo y único: un Dios que entra en la historia, muere por amor y vence la muerte de manera real.
Lejos de ser un mito, la fe cristiana está basada en hechos históricos confirmados.