El cristianismo no pide aceptar ciegamente sus afirmaciones. Cada persona puede probar su verdad de manera personal.
Primero, investigando la evidencia histórica: leer los Evangelios, estudiar la resurrección de Jesús y considerar el testimonio de millones de creyentes.
Segundo, experimentando en la práctica: orar con sinceridad, pedir a Dios que se revele y estar abierto a Su respuesta. Muchos han comenzado con una oración honesta y han sentido la presencia de Dios en su vida.
Tercero, aplicando las enseñanzas de Jesús en la vida diaria. Al practicar el perdón, la generosidad y la fe, uno descubre que el mensaje cristiano funciona y transforma.
El cristianismo puede ponerse a prueba porque no se basa solo en ideas, sino en una relación viva con Dios.