En el Antiguo Testamento, vemos que Dios ordenó a Israel luchar contra otras naciones. Esto puede parecer duro o cruel.
Primero, esas guerras no eran por ambición ni conquista personal. Eran juicios de Dios contra pueblos extremadamente corruptos que practicaban idolatría, violencia y hasta sacrificios de niños.
Segundo, Dios fue paciente durante siglos antes de ordenar esas guerras. Dio tiempo a esas naciones para cambiar, pero persistieron en la maldad.
Tercero, Israel no podía mezclar su fe con esas prácticas paganas. Dios quería un pueblo santo que llevara bendición al mundo. Las guerras tenían el propósito de proteger la pureza espiritual de Israel.
Aunque difíciles de entender, estas guerras muestran que Dios es justo y no tolera el mal indefinidamente. También muestran que la salvación de Cristo es diferente: no viene por la espada, sino por la cruz.