¿Cómo sabemos que los Evangelios fueron escritos por testigos presenciales?

Los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) son las principales fuentes sobre la vida de Jesús. ¿Cómo sabemos que no fueron inventados siglos después?

Primero, los Evangelios se escribieron pocas décadas después de los hechos, cuando aún vivían testigos oculares. Si fueran falsos, las personas que estuvieron allí habrían podido desmentirlos.

Segundo, los autores muestran detalles propios de quienes conocían bien los lugares, las costumbres y la cultura judía del siglo I. Hablan de nombres comunes, geografía exacta y prácticas sociales que coinciden con lo que la arqueología ha confirmado.

Tercero, la iglesia primitiva siempre reconoció que los Evangelios provenían de testigos o de sus colaboradores cercanos. Por ejemplo, Marcos fue compañero de Pedro, y Lucas investigó cuidadosamente entrevistando a testigos.

Así, tenemos buenas razones para creer que los Evangelios son testimonios fiables de personas que vieron o escucharon de primera mano lo que Jesús hizo.

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