Algunos dicen que Jesús fue solo un maestro moral, pero nunca afirmó ser Dios. Sin embargo, los Evangelios muestran lo contrario.
Jesús perdonó pecados, algo que solo Dios puede hacer. También dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30). Los líderes religiosos entendieron que Él se hacía igual a Dios, y por eso querían apedrearlo.
En otro momento, Jesús aceptó adoración. Cuando Tomás lo llamó “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28), Jesús no lo corrigió. Además, usó el nombre divino “Yo soy” (Éxodo 3:14) para referirse a sí mismo, lo cual era una clara afirmación de ser Dios.
Sus milagros y Su resurrección confirmaron Sus palabras. No fue simplemente un profeta. Jesús realmente afirmó y mostró que era Dios encarnado.