Algunos dicen que podemos ser buenos sin creer en Dios. Es cierto que una persona sin fe puede hacer cosas buenas. Pero la pregunta es: ¿de dónde viene la idea de lo que es “bueno” o “malo”?
Si el universo fuera solo materia y azar, no habría una base objetiva para la moral. Todo sería cuestión de opiniones o costumbres. Pero nosotros sabemos que hay principios universales: la justicia es mejor que la injusticia, la verdad mejor que la mentira.
El cristianismo enseña que la moralidad viene de Dios, que nos creó a Su imagen y puso Su ley en nuestros corazones. Por eso, aunque alguien no crea en Él, todavía siente en su conciencia la diferencia entre bien y mal.
Sin Dios, la moral se convierte en algo relativo y cambiante. Con Dios, tenemos una base firme para decir que algo es verdaderamente correcto o incorrecto.