Muchas personas dicen: “Le pido a Dios que hable y parece que no responde”. ¿Por qué Dios guarda silencio?
Primero, Dios a veces habla de maneras que no esperamos. No siempre lo hace con voz audible. Puede hablar a través de la Biblia, de un consejo sabio, de circunstancias o de una paz interior en el corazón.
Segundo, el silencio de Dios puede tener un propósito. A veces quiere que confiemos más en Él, incluso cuando no sentimos Su presencia. Igual que un padre enseña a su hijo a caminar sin cargarlo siempre, Dios nos ayuda a crecer en fe al permitir momentos de silencio.
Tercero, Dios nunca está realmente ausente. Jesús prometió: “Yo estoy con ustedes todos los días” (Mateo 28:20). Aunque no lo sintamos, Él está cerca.
El silencio no significa abandono. Muchas veces, después de un tiempo de silencio, las personas descubren que Dios estuvo obrando en segundo plano, preparando algo mejor.