Algunos ven al cristianismo como cerrado o intolerante porque dice que solo Jesús es el camino. Pero exclusividad no significa injusticia.
Si un médico tiene la única cura para una enfermedad mortal, no es arrogante decir que su medicina es la única que funciona. Simplemente está diciendo la verdad.
De la misma manera, Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). No porque los cristianos quieran excluir a otros, sino porque solo Él murió y resucitó para salvarnos.
La buena noticia es que, aunque el camino es exclusivo, la invitación es universal. El evangelio es para todas las personas, sin importar raza, cultura o condición social.
Así, el cristianismo es exclusivo en el camino, pero inclusivo en la invitación. Todos pueden venir a Jesús y recibir vida eterna.