Muchos se preguntan: si Dios ya sabe todo, ¿para qué orar? ¿Realmente cambia algo?
La Biblia enseña que la oración sí tiene poder. Dios, en Su soberanía, decidió actuar en el mundo en respuesta a las oraciones de Su pueblo. Santiago 5:16 dice: “La oración eficaz del justo puede mucho”.
La oración cambia cosas de dos maneras. Primero, mueve la mano de Dios para intervenir en situaciones concretas: sanar enfermos, abrir puertas, dar provisión. Segundo, cambia a la persona que ora, fortaleciendo su fe y alineando su corazón con la voluntad de Dios.
Dios no necesita nuestras oraciones, pero eligió incluirnos en Su plan. Orar no es perder el tiempo, es participar en la obra de Dios en el mundo.