Algunos piensan que si Dios conoce el futuro, nuestras decisiones no son libres. Pero la Biblia enseña que la omnisciencia de Dios y la libertad humana pueden coexistir.
Dios sabe lo que elegiremos, pero eso no significa que Él nos obligue a hacerlo. Conocer y forzar no son lo mismo. Por ejemplo, un padre que conoce bien a su hijo puede anticipar lo que hará, pero eso no significa que lo esté controlando.
Dios, en Su sabiduría infinita, sabe todas las posibilidades y cómo encajan en Su plan. Nosotros, dentro de ese plan, seguimos tomando decisiones reales y responsables.
El libre albedrío es un regalo de Dios, y aunque Él sabe lo que haremos, nuestras elecciones son verdaderas. Esta tensión es un misterio, pero no significa contradicción.