El problema del mal es una de las objeciones más fuertes contra la fe. Si Dios es bueno y poderoso, ¿por qué existe tanto sufrimiento?
El cristianismo responde de varias maneras. Primero, el mal no vino de Dios, sino de la decisión libre de los seres humanos que eligieron pecar. Dios creó todo bueno, pero el pecado trajo corrupción al mundo.
Segundo, Dios no es indiferente al sufrimiento. Jesús mismo sufrió en la cruz, tomando sobre Sí el dolor y el pecado de la humanidad. Eso muestra que Dios entiende y comparte nuestro sufrimiento.
Tercero, el mal y el dolor no tendrán la última palabra. La Biblia promete un día en que Dios acabará con toda injusticia, sanará todo dolor y hará nuevas todas las cosas.
Así, aunque no entendamos todo el misterio del sufrimiento, sabemos que Dios es bueno, que está con nosotros en medio del dolor y que traerá justicia final.