Algunos piensan que el cristianismo oprime a las mujeres, pero cuando miramos la Biblia y la historia, vemos lo contrario.
En tiempos antiguos, las mujeres eran muchas veces tratadas como inferiores. Sin embargo, Jesús mostró un respeto y amor extraordinarios hacia ellas. Habló con mujeres en público, algo raro en su cultura. Les dio valor, escuchó sus voces y hasta permitió que fueran las primeras testigos de su resurrección.
El apóstol Pablo enseñó que en Cristo no hay hombre ni mujer, todos son uno (Gálatas 3:28). Eso significa que hombres y mujeres tienen el mismo valor delante de Dios.
Es cierto que la Biblia da diferentes roles en la familia y la iglesia, pero diferencia no significa inferioridad. Igual que un equipo tiene distintas posiciones, hombres y mujeres tienen dones únicos que se complementan.
Además, la fe cristiana ha inspirado movimientos de educación y defensa de los derechos de las mujeres en muchas partes del mundo.
Así, lejos de estar en contra de la igualdad, el cristianismo enseña el valor y dignidad de la mujer como creación de Dios.