Muchas religiones enseñan que la salvación se gana con buenas obras. El cristianismo enseña que la salvación es por gracia, un regalo de Dios, no por méritos humanos.
Algunos piensan que esto no es justo. Pero en realidad es la única manera justa, porque todos somos pecadores y ninguno puede cumplir la perfección que Dios requiere. Si la salvación dependiera de obras, nadie alcanzaría el estándar.
La gracia nivela a todos. No importa si alguien es rico o pobre, educado o no, todos pueden recibir el regalo de Dios por fe. Esto refleja el amor imparcial de Dios.
La gracia no significa que las obras no importan. Más bien, las buenas obras son una respuesta de gratitud, no un requisito para ganar salvación. Efesios 2:8-10 dice que somos salvos por gracia, y luego creados para buenas obras.
Así, la salvación por gracia no es injusta, sino la expresión más grande de la justicia y el amor de Dios.